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miércoles, 31 de octubre de 2018
jueves, 11 de octubre de 2018
miércoles, 10 de octubre de 2018
lunes, 17 de septiembre de 2018
miércoles, 5 de septiembre de 2018
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lunes, 3 de septiembre de 2018
jueves, 30 de agosto de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
¿Quiénes fueron las Poquianchis?
Delfina, María de Jesús, Carmen y Eva Valenzuela, conocidas como "Las poquianchis", asesinas y dueñas de burdeles.
En 1964 se dio a conocer una escalofriantes noticia: habían descubierto una extensa red de tráfico de mujeres con presencia en varios estados de la República, en la que además de explotación sexual se habían perpetrado múltiples asesinatos y actos atroces en contra de más de noventa jovencitas que fueron raptadas, ultrajadas y esclavizadas. La avalancha mediática en torno a este caso ocurrió después de que dos de las víctimas lograron escapar y llegaron hasta la comandancia de la policía en León, Guanajuato, lugar en donde narraron lo sucedido dando inicio a un largo juicio en contra de las proxenetas y algunos cómplices.
Los reporteros de diversos periódicos no sólo siguieron detalladamente cada episodio del juicio, sino que por la naturaleza del hecho se suscitó un fenómeno periodístico sin precedentes, pues se avivó el escarnio público mediante la franca invención de situaciones que aderezaron la historia alimentando el morbo público. Así, este caso de por sí enormemente escandaloso fue adquiriendo rasgos extraordinarios para la opinión pública -como supuestos actos satánicos y quema de fetos- que lo llevaron a prevalecer en la memoria colectiva y llegar incluso hasta la sátira literaria en el libro Las muertas del escritor Jorge Ibargüengoitia, al cine con el filme ""Las Poquianchis"" dirigido por Felipe Cazals y al teatro con la ópera cómica ""Serafina y Arcángeles"".
La red de explotación estaba regenteada por tres hermanas: Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela, originarias del estado de Guanajuato a quienes se les conoció como ""Las Poquianchis"", en alusión al nombre de uno de los prostíbulos que administraban. Desde la década de 1950 comenzaron a secuestrar jovencitas en situación de marginación y pobreza, y llegaron a tener burdeles en los estados de Jalisco, Querétaro, Colima, Guanajuato, Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí y Coahuila.
Durante el juicio las hermanas González Valenzuela se mostraban como devotas católicas que justificaban sus acciones diciendo que no permitían ""actos inmorales"" en sus burdeles, al tiempo que poco a poco se fueron destapando los numerosos crímenes que cometieron. Todo ello alimentó el amarillismo de la prensa y el semanario Alarma!, uno de los medios de nota roja más explícitos, cubrió detalladamente el caso y gracias a eso selló su permanencia en este género periodístico llegando a aumentar su tiraje de 140 000 a 500 000 ejemplares.
Tras las investigaciones y pesquisas se condenó a Delfina, María de Jesús y María Luisa a 40 años de prisión por los delitos de lenocinio (Casa, inmueble o domicilio en el que se ejerce la prostitución.), secuestro y homicidio calificado; se consignó a trece mujeres más por colaborar con la red de prostitución y a once hombres como cómplices por prestarles servicios. En la época aun no existía una legislación en materia de trata de personas, pues a nivel mundial ésta se consolidó hasta el año 2000 con la Convención de Palermo convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que estableció los lineamientos internacionales para combatir este flagelo social. En México la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas se aprobó seis años después, aunque su contenido y aplicación ha suscitado críticas y polémicas.
En su momento el caso de las Poquianchis puso de manifiesto la existencia de un alto nivel de impunidad, corrupción y colusión de autoridades locales que a sabiendas de los crímenes, solaparon la red de explotación durante más de diez años. Además, dejó ver una realidad soterrada en México que contrastaba con un discurso público donde prevalecía el conservadurismo, la moralidad católica y una idea oficial de progreso económico y social.
miércoles, 22 de agosto de 2018
La catsup, atrae...
Desde que entre a la Universidad tomo el mismo camino para llegar al transporte público que me lleva a mi escuela, el mismo camino he tomado desde que empecé mi carrera hasta el día de hoy. Son dos cuadras interminables por el típico miedo a que me asalten, con lo cañón que está la delincuencia en la ciudad pero en fin no es solo eso, mi tormento sigue en la siguiente cuadra. En esa segunda cuadra siempre está un hombre de estatura media, tez morena, de cejas pobladas y canosas al igual que su cabello, siempre lo veo de pantalón café junto con un trapo rojo al hombro es un hombre mayor. No se su nombre y no me interesa saberlo. Pero como todas las mañanas siempre escucho su voz al pasar con un comentario nuevo, un comentario degradante y asqueroso. Las veces que le he contestado a esos comentarios, solo escucho algo peor.
El acoso callejero en mujeres es una historia por la que todas pasamos pero hoy en día podemos escuchar este tipo de respuestas ante esta problemática: "Es por como te maquillas", "el color de tu labial provoca a los hombres" "tu ropa no es la adecuada", "eres muy coqueta" y podría seguir y seguir y no acabaría jamás. No excluyo que esto también pasa en hombres, no soy ese tipo de "feminazi" pero seamos sinceros esto ocurre más en mujeres.
Hoy regrese por la misma ruta de las mañanas, cosa extraña ya que al salir de la universidad regreso por una ruta diferente. Estaba cansada ya, moría por llegar a mi casa y descansar. Sin embargo, no había desayunado y tenía hambre, pase a comprar un hot-dog de los que venden enfrente de mi parada. Me dirigía al segundo transporte para llegar a mi casa, comía mientras caminaba, mi aspecto era el que cualquier universitaria tiene al regreso a su casa; sudada y con la cara de cansancio sin labial o algún cosmético sobre mi. Pasé enfrente del antes descrito que estaba con otra persona cuando escuché:
"Te limpiamos la boquita, mi amor"
No sabía que me daba más asco, si el "limpiamos" o que es un ejemplo más con el que acabamos con esos mitos de que por como vas vestida serán los comentarios que recibas, al principio no sabía si reírme o que digo mi aspecto en serio era horrible. Mi cara con gotas de sudor, ni un poco de rubor o polvo, sin labial y manchada de catsup en la boca y hasta eso, mi delineado en los ojos , casi había desaparecido por mi mismo sudor, mi cabello alborotado y mal peinado. Y no, no se fijaron en mi por mi ropa, antes de que saquen esa conclusión vestía una blusa blanca con chaleco de mezclilla al igual que mi pantalón con mis tenis negros. La verdad, no me sentía precisamente como para recibir o que se fijaran en mi pero, ¿qué más da? en la actualidad no importa, solo son esos bajos comentarios que me hicieron pensar que no importa cómo, eres mujer y hay hombres, no todos, que se expresan de tal manera y que fijaran en ti sea como sea y que sea como sea te darán miedo. La verdad me puse a pensar en como mi aspecto mal sucio y aún más batida de captsup no fue impedimento para nada, ¿o qué también es atrayente la salsa de tomate?.
Esto me paso hoy, en mi ciudad en otro día común de regreso a casa. A mi mamá le conté esto como de por sí sabe lo que pasa con el antes descrito, le di un motivo más para que de por sí y como las mayorías de mañanas me acompañe hasta el centro y cuando no, paso y ahí esta él, no soy la única al que el descrito acosa me he fijado en como mira a muchas más pero... ¿que hacer? el acoso callejero es algo constante, que sucede varias veces en el día y que algunos hombres hacen, de ser penado seria un motivo más para que las cárceles estén al tope de llenas...
Lo cuento aquí, por qué es mi blog, por qué en esta ocasión quería que la entrada diaria que hago aquí valiera aún más.
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